¿Por qué nuestros hijos pequeños deben de viajar en el automóvil sentados en sentido contrario al de los adultos?

April 5, 2018

Existe la recomendación cada vez más más popular entre diversos organismos y sitios especializados de que los niños viajen a contramarcha el mayor tiempo posible, es decir, hasta los cuatro años o incluso más, considerándose extremadamente peligroso que vayan de cara a la marcha antes de los 15 meses de edad.

Podemos cometer el error de creer que nuestros niños son

 

adultos en miniatura. Las proporciones de su cuerpo y el desarrollo de músculos, huesos y ligamentos son diferentes, y están más relacionados con la edad que con el peso. De hecho, cuando nacen, la cabeza representa un 25% del peso total, mientras que en un adulto solo supone el 6% del peso corporal total.

 

Además, si un bebé o un niño sufren lesiones en la cabeza, a menudo implica daño cerebral, ya que sus cráneos son más delgados que los de un adulto y ofrecen menor protección para el cerebro. Por otro lado, en un recién nacido, las vértebras de cuello están compuestas por porciones separadas de hueso unidas por cartílago, por lo que su esqueleto aún es blando. Este cartílago se va convirtiendo en hueso durante los primeros tres años de vida del niño, pero el proceso de endurecimiento del cartílago en el hueso continúa hasta la pubertad. El desarrollo de los músculos y ligamentos es similar.

 

Las colisiones frontales son las más comunes y las que tienen las consecuencias más graves para los ocupantes, por lo que es fundamental ver qué sucede en caso de sufrir un impacto de este tipo.

 

En caso de colisión frontal es más seguro para un niño viajar en una silla a contramarcha, ya que las fuerzas del impacto son dirigidas a la parte posterior del respaldo de la silla, mientras que el resto de energía se extiende uniformemente por la cabeza, el cuello y la parte superior del cuerpo. Cuando las fuerzas se extienden por una mayor superficie, tienen menos energía para causar daño en una zona concreta y, por lo tanto, se disminuye la posibilidad de que el niño sufra lesiones.

 

En una colisión frontal con una silla de cara a la marcha, llega más energía al cuerpo, la cabeza y el cuello del niño. Además, las fuerzas se concentran en el arnés que sostiene al niño, lo que significa que hay más energía aplicada a una superficie más pequeña. Esto aumenta la probabilidad de que el niño sufra una lesión, y más teniendo en cuenta que lo único que sostiene la cabeza es el cuello, que ya hemos visto que aún está en desarrollo.

 

 

Fuentes: SerPadres, Motorpasion

 

 

 

 

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